Por: Emil’ Keme

El 27 de febrero del presente año, el gobierno de Guatemala inició las celebraciones del bicentenario de la fundación de Guatemala a través del Ministerio de Cultura y Deportes. En plena pandemia, tales eventos han conllevado derroches multimillonarios con los que las elites gubernamentales pretenden hacer alarde de su violento legado racial, patriarcal y colonial. Como personas Mayas conscientes de nuestro estatus dentro de un estado opresor, nos preguntamos: ¿qué debemos celebrar los pueblos indígenas? ¿Por qué celebrar un Estado nación que siempre nos ha visto como un problema?

Para empezar, Guatemala es una nación violentamente plantada en los territorios ancestrales y sobre los cuerpos de mujeres y hombres indígenas. Nace como una extensión de la Capitanía General de Guatemala donde, luego de sus descontentos con el régimen colonial español, los criollos ponen en marcha un proceso independentista que buscaba no repartir más los bienes naturales y las riquezas con su “madre patria”. A través del liberalismo económico y el positivismo ideológico, se promulgan nuevas leyes que reducen el poder de la Iglesia y la Corona española y articulan nuevas secuelas de despojo contra los pueblos originarios. En tales procesos, se otorgan territorios a caudillos o europeos con el deseo de modernizar el nuevo país, siempre mirando a Europa como modelo de sociabilidad, progreso y desarrollo y despreciando a los pueblos indígenas, sus culturas y legados milenarios. Tales pretensiones se palpan luego de que las Provincias Unidas de Centro América se hacen trizas y se convierten en varias naciones “independientes” que, además de Guatemala, hoy comprenden El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica. En tales procesos divisionistas, con el Plan de Iguala, Chiapas se desliga de Guatemala para formar parte de México y, luego, en 1981, la otra mitad, Belice, se constituye como una nación independiente. Así pues, los pueblos Mayas que habitan estas regiones son divididos al caerles encima nuevas fronteras coloniales; ahora, delineadas por colonos criollos y ladinos.

Aunque ciertos sectores indígenas son cooptados, poco o nada gozan de los supuestos procesos emancipadores. Vistos bajo la lupa de un positivismo racial, los Mayas son ubicados como siervos al servicio del nuevo régimen colonial y son usados como carne de cañón, caporales enseñados a oprimir a su propia gente, sirvientes de las casas o mano de obra para ser explotada y hasta desechada. A través de la reestructuración de las instituciones dominantes, se desarrollan nuevos procesos de esclavitud. Hagamos memoria para ponerle carne al asador. ¿Se acuerdan, por ejemplo, de cómo el Régimen Liberal (1871-1944), atendiendo las exigencias de los cafetaleros, ofrecía mano de obra indígena gratuita a través de decretos como el #170, promulgado por Justo Rufino Barrios? ¿Acaso no se expropió a los pueblos indígenas de tierras comunales que se habían negociado durante el régimen colonial anterior para otorgarlas a los amigos de Barrios, así como subastarlas a extranjeros? ¿Nos olvidamos del “Reglamento de jornaleros” (Decreto 177), el cual también ponía a disposición mano de obra indígena gratuita para los finqueros ladinos y extranjeros? A estos decretos se suman la “Ley contra la Vaganza” y la “Ley de Vialidad”. La Guatemala independiente, pues, se ha constituido con base en la muerte, el despojo y el látigo criollo/ladino-europeo que ha dejado su marca sobre las espaldas de cuerpos indígenas.

Nahualá 1897
Imagen 1: Fotografía de A. G. Valdeveavellano

Vale recordar también que el despojo no fue solo de territorios ancestrales, sino también de nuestra identidad. No bastó con hacernos esclavos de finqueros ladinos y extranjeros. El mismo Justo Rufino Barrios aprobó el Decreto #164, el cual obligaba a los indígenas de San Pedro Sacatepéquez a usar la vestimenta ladina. Asimismo, se desarrollaban campañas educativas para “civilizar” y eliminar los diversos idiomas indígenas que se hablan en el país. Tales políticas de despojo y esclavitud no terminaron allí. Manuel Estrada Cabrera y Jorge Ubico fueron otros kaxlanes vendepatrias que veían en Europa y Estados Unidos su ideal de modernidad. Ellos concedieron millones de hectáreas de tierras a compañías como la United Fruit Company (UFCO) y le dieron luz verde al imperialismo estadounidense, el cual, para defender sus intereses económicos, puso millones de dólares en los bolsillos de las estructuras de poder más represivas: el ejército guatemalteco, fuerzas policiales y gobernantes con ideales eurocéntricos. Viendo sus intereses amenazados por la reforma agraria propuesta por Árbenz Guzmán, la UFCO y Washington desplegaron lo que caracterizaría su política exterior no solo en Guatemala, sino en el resto de América Latina: entrenar y poner capital en las bolsas de dictadores asesinos para proteger los intereses económicos del imperio en la región.

Gloriosa Victoria
Imagen 2: Pintura Gloriosa victoria de Diego Rivera

En 1954, con la ayuda de militares como Castillo Armas, se reactivan dictaduras militares represivas que, a través de campañas anticomunistas, asesinan y encarcelan a líderes campesinos, así como a estudiantes, maestros e intelectuales. Consecuentemente, a partir de 1986, a través de la instauración de regímenes “democráticos”, se ponen en escena gobiernos títeres que hasta hoy le siguen limpiando las botas al imperialismo. Allí están los inútiles pactos de “tercer país seguro”, donde el Estado guatemalteco despliega su servidumbre ante su lord. Hoy sabemos cómo termina esta clase de historias en las que el ojo se pone más en el capital que en el bienestar humano, ¿o será que también hemos olvidado que el Estado, particularmente entre 1978-1984, se torna terrorista y busca físicamente eliminarnos con campañas de tierra arrasada? Lucas García, Mejía Víctores, Ríos Montt, entre otros, tienen inscritas en sus tumbas los nombres de más de 200,000 personas asesinadas y desaparecidas.

Imagen 3: Foto de Exhumación en área ixil, CAFCA.

Guatemala es un país que también expulsa a sus ciudadanos. Si durante el conflicto armado más de un millón de personas abandonaron el país de la eterna tiranía, después de la firma de los Acuerdos de Paz, miles más lo hacen bajo regímenes democráticos que le han apostado al neoliberalismo depredador. A través de “tratados de libre comercio”, como el firmado en 2004, se ha incentivado la entrada de empresas extractivas que en lugar de traer beneficios han exacerbado la pobreza y la crisis climática. Vemos cómo presidente tras presidente se convierte en un administrador más en el manejo de bienes naturales y los pone al servicio del mejor postor en el mercado global. Quienes desafían estas lógicas mercantilistas, defendiendo los ríos y a nuestra Madre Tierra, son asesinados, encarcelados u obligados a salir del país. Miles de personas dejan atrás sus tierras y sus familias o a veces, en las formas más indignantes, encargan a sus niños a personas desconocidas para recorrer los arduos caminos hacia el norte. Acribillados no solo por la desilusión de ya no poder vivir en un país corrupto y criminal, caravanas de mujeres, hombres, niñas y niños ponen su vida en riesgo migrando hacia el inhóspito norte, donde también encuentran el desprecio, el racismo y hasta la muerte.

Carabana de migrantes
Imagen 4: “Caravana migrante”, Guillermo Arias/AFP Agence France-Presse

Guatemala es, pues, un país que se jacta de una independencia fundada en el robo, el asesinato, la represión y la expulsión de sus ciudadanos. Una independencia que no es más que una burla para quienes estamos conscientes de la subordinación de este país y sus elites, quienes se hincan ante el capital transnacional. Es un país incapaz de atender las necesidades más básicas de sus habitantes. Hoy, la pandemia del COVID-19 desenmascara a un gobierno inepto, solamente interesado en el bienestar de sus propias células estructurales y económicas, juramentando hasta jueces corruptos para proteger sus privilegios políticos.

Ante todo esto, ¿qué celebramos? o ¿qué celebran los criollos, los ladinos y hasta algunos sectores indígenas? ¿No son suficientes las constantes humillaciones que vivimos diariamente de gobernantes que hasta se avergüenzan de ser guatemaltecos? ¿O acaso hemos olvidado cómo cierto presidente buscó una vez entrar a Venezuela usando su pasaporte italiano? ¿Será que los kaxlanes, de forma mordaz, despliegan un falso orgullo blanco para amedrentar a quienes hoy desafían su poder? Lo más triste es ver cómo mucha de nuestra gente, deslumbrada por los espejitos, cae en la trampa de celebrar tan vergonzoso legado patrio. Como por arte de magia se olvida de todas aquellas agresiones que incluso han impulsado a sectores a denunciar la criminalidad del Estado opresor y heteropatriarcal con consignas de “¿Dónde está el dinero?”, “¿Dónde están las vacunas?” o “Tengo miedo”.

Por mi parte, yo no celebro la ciudadanía guatemalteca o a Guatemala, puesto que es un país fundado en el despojo, el genocidio y la humillación de los pueblos indígenas. Sus doscientos años de existencia no han cambiado nuestras vidas. Más bien, reivindico mi ser e identidad Maya K’iche’, ya que mi historia no comienza con doscientos o quinientos años de colonialismo, sino en el 4 Ahau 8 Cumku. Celebro y honro a mis abuelas y abuelos y hermanas y hermanos Mayas de ayer y hoy que, con su lucha, sacrificio y tenacidad, han resguardado y protegido nuestra existencia y nuestro pleno derecho a defender y recuperar nuestros territorios, ríos, culturas, idiomas, espiritualidad.

Imágenes:

Imagen 1: https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/e/ec/Nahuala1897.jpg?1619124381324
Fuente: https://www.wikiwand.com/es/Racismo_en_Guatemala)

Imagen 2https://en.wikipedia.org/wiki/La_Gloriosa_Victoria#/media/File:Gloriosa_victoria.jpg
Diego Rivera, “La gloriosa Victoria” (1954)

Imagen 3https://en.wikipedia.org/wiki/Guatemalan_Civil_War#/media/File:Exhumation_in_the_ixil_triangle_in_Guatemala.jpg
(Los Maya Ixiles llevan a sus muertos, febrero de 2012. Fuente: Archivos CAFCA)

Imagen 4: “Caravana migrante” Guillermo Arias/AFP Agence France-Presse
https://static01.nyt.com/images/2018/10/30/universal/es/30Martinez-ES-1/merlin_145948305_66f637f1-159c-4de0-9b1a-e4294a2b00aa-jumbo.jpg?quality=90&auto=webpFuente: https://www.nytimes.com/es/2018/10/30/espanol/opinion/opinion-oscar-martinez-caravana-migrante.html

Deja un comentario